São Paulo, la Cosmópolis

Una metrópolis es una ciudad que cuenta con trenes subterráneos, y no necesariamente la ciudad de Supermán y el periódico donde trabaja Luisa Lane. São Paulo es una metrópolis, pues tiene al menos doce líneas de trenes, entre superficiales y subterráneos. 

Aquí, el tren subterráneo es llamado metrô, y el superficial, sólo tren. Es impresionante estar en el centro de la ciudad, en las estaciones Luz o Bras, en las horas pico, las de entrada y salida del trabajo en una ciudad de más de doce millones de habitantes, la mayoría de los cuales viaja de una parte a otra de la ciudad, partes que con frecuencia están a decenas de kilómetros una de otra. Sólo el tren, que no se para en cola, permite a los usuarios, la gente que vive de su trabajo, tener algunas horas para dormir. En esos momentos, se siente claramente el calor humano, esa gente apurada para ir o volver del trabajo, en su viaje realiza cotidianamente actos de generosidad, que son normales para ellos, y hacen que una se regocije de la especie humana.

San Miguel Paulista es tan São Paulo como Morumbí, mas se necesita de casi dos horas de tren para llegar de una a otra, sin contar que es preciso hacer transferencia. 

Y no sólo es la distancia. São Paulo no es una ciudad uniforme con características únicas. Es un ramillete de ciudades, cada una más característica que la otra. Existen personas del oeste que nunca han ido a Itaím Paulista (zona de favelas) y gente del extremo norte que cree que todos los que viven en Pinheiros son millonarios. Mas, todos son paulistas. De mente abierta, generosos y hospitalarios. Por lo menos, esa es mi experiencia.

Para quien guste de abrir los ojos más allá de lo permitido, São Paulo es una ciudad mágica, sin que sea necesario atravesar una hipotética estación 9 y tres cuartos. Portales dimensionales y seres de todas clases atravesándolos; parques vedados para los seres humanos por ingeniosos sistemas, pero que llevan a estaciones interplanetarias que dejarían estupefacta a la ciudad de los mil planetas; arcoiris que aparecen y desaparecen en los cielos sobre las cabezas de los paulistas, que ellos podrían notar sólo si miraran hacia arriba; extraterrestres de múltiples especies subiendo y bajando de los trenes, tomando taxis, caminando por la ciudad o simplemente planeando sobre ella o sobrevolándola en sus naves. En fin, que São Paulo, más que una metrópolis, es una Cosmópolis.

Visitar São Paulo, vivir en esta ciudad maravillosa, es una experiencia que todo terrícola debería vivir alguna vez en la vida.