Existe la creencia de que la élite controladora “permite” la existencia de libros, conferencistas, youtubers, creadores literarios, cinematográficos, etc. que informan la verdad.
Eso no es cierto. Ninguna élite, ningún depredador extraterrestre ni terrícola “permite” que la realidad salga a flote. Primero que nada, debemos definir la verdad.
¿Es una versión personal de los hechos? ¿Es una opinión? ¿Es una visión individual acerca de lo que sea? Creo que ninguna de las anteriores.
La verdad es lo que es. Lo que existe. Lo que está ahí, sea que la veamos y la comprendamos, o no. Por ejemplo, puedes opinar que una carretera está desierta, o puedes opinar que eso que viene allí es un patín que dejó algún niño. O puedes dar la versión personal de que eso que viene allí no existe, no viene, porque nunca nadie te enseñó que “eso” puede existir, y las autoridades eclesiásticas, científicas y políticas, jamás en su vida hablaron de eso. Y si alguien habló, lo miraron como a un insecto, lo ignoraron, y esa actitud fue copiada por la miríada de personas de segunda mano, que esperan que alguien más las autorice, para creer, opinar, y hasta ver una realidad, exista o no. Pero eso que viene allí es un camión, grande, de carga, y viene a toda velocidad. Creas o no creas, opines lo que opines, te atropellará si no te apartas.
Eso es lo que acontece con los filmes, las novelas, las series, los cuentos, los chistes, las leyendas, donde aparecen lamparazos de realidad, y a veces estructuras completas, aunque éstas sean publicadas por el mismísimo Stephen King, o filmadas por los magos de Disney, Spielberg, y protagonizadas por polémicos y descalificados actores famosos, protagonistas entre bastidores del famoso movimiento “me too”.
Para crear, es necesario asentar los pies en esta realidad, sea lo que sea que se piensa de ella. Los que quieren decir la verdad, a veces novelan, como es el caso de Carlos Castaneda, quien, para hacer más ameno su testimonio, o tal vez porque le gustaba escribir, presentó a sus maestros indígenas como personajes, que aún hoy, aparecen en discusiones sobre si son o no son ficción.
Lo mismo acontece con películas tan famosas como Star Wars, o la reina de todas, “Matrix”. Muchos creadores, que sólo quieren producir ficción, toman sus ideas de la inspiración, es decir, que la respiran directamente del plano mental y, creyendo que se trata de una delirante fantasía, dejan colar una realidad que está ahí, aunque la mayoría durmiente de la humanidad no pueda verla.
Toda persona que quiere crear ficción sabe que, por más disparatada que sea su historia, debe ser creíble, y para que sea creíble, debe estar acompañada de realidad. Es el factor contradictorio que mantiene el equilibrio del mundo “como lo conocemos”. El yin con el ojo blanco del yang, y el yang con el ojo negro del yin.
Los controladores del mundo, interesados en mantener entretenida a la humanidad, para que no se dé cuenta de lo extraordinariamente poderosa e inteligente que es, no tienen poder para esconder la verdad, lo que existe. Si ésta fuera ocultada completamente, el equilibrio del mundo se rompería, y nosotros ya no podríamos estar aquí, para que nos sea exprimida la energía, el poder humano que emana del Infinito, y constituye el mayor manjar para las criaturas que no tienen esa fuerza, pero no pueden vivir sin ella, porque esa fuerza es la vida misma.
En el entramado de la realidad conocida y la desconocida, está la realidad eterna, la vida, la fuerza que da luz a la luz, el Intento, que es una protovoluntad, el precursor de la intención. Está la poderosa fuerza creadora y regeneradora no condicionada, que es llamada “amor”, por más que esta palabra haya sido desprestigiada durante siglos. Y está presente la muerte, que no es otra cosa que el regreso a casa de quienes estuvimos atrapados aquí durante demasiado tiempo, como una mosca en una telaraña. La muerte, que ha sido convertida por los manipuladores seculares, en una fuente de temor. Porque si la gente supiera lo que realmente es, se produciría una masiva fuga en la granja energética. Y ya nadie tendría el menor interés en vivir aquí en las condiciones actuales, por más cuento del karma, la religión y los apegos familiares, que se les cuenten.
La realidad, la verdad, es lo que existe. Lo demás son versiones, opiniones, cuentos. La verdad se contempla en silencio cuando se detiene la charla estúpida de la mente colectiva desorganizada, cuyo propósito, o el de sus controladores, es impedir a toda costa el silencio interno, desde donde el ser humano pueda contemplar lo que existe, sin que se lo estén interpretando, distorsionando ni comentando.