Carlos Castaneda, el mito.

 Una de las cosas que le dijo don Juan a Castaneda,  fue que quería convertirse en un mito.

Eso no es una broma.  Tiene que ver con el concepto comúnmente aceptado acerca de que las cosas que enseñaba ese heredero de la sabiduría tolteca, no existen.  Que es un mito.

Cuando el sabio nahual cumpliera su misión,  daría el salto consciente al más allá,  con todo y cuerpo físico,  escapando,  tanto de la jaula del tonal,  como de la tenebrosa asechanzas del águila,  que Castaneda describió en más de uno de sus libros. Nebulosa fue la descripción,  porque imprecisa era la imagen que, según,  percibieron los antiguos videntes.  No era realmente un águila,  sino una cosa informe, que tenía una ligera semejanza con un águila,  por lo que le dieron ese nombre. 

Después de la muerte de Castaneda,  comenzó el verdadero mito. El status quo dominante no tardó en aplicar técnicas de neutralización, para desviar la atención de la gente que investiga. Así, desde el inconsciente colectivo,  el águila,  un egrégor depredador,  se convirtió en una deidad, y sus emanaciones en algo así como un halo de santidad.

El mismo Castaneda ha sido atacado desde diferentes ángulos. Unos lo quieren convertir en un gurú cualquiera,  otros lo demonizan. Incluso una rubia gringa escribió un libro, muy enojada, porque no consiguió poder acostándose con él. 

Su obra, tratada como una biblia por los más fanáticos, es tildada de simple ficción,  por otros. Y los más ignorantes,  sólo se aprovechan de lo que escribió acerca de sus experiencias con plantas de poder, disfrazándose de chamanes para venderlas como simples drogas "recreativas".

Carlos Castaneda fue, sin duda,  un divulgador de conocimientos ancestrales,  a partir de su experiencia personal,  y su estilo es francamente literario, en el mejor sentido de la palabra.  Ingenioso y profundo al mismo tiempo.  Pero un hombre normal, un humano lúcido que creó un hito en el siglo 20 con su labor de divulgación,  y lo hizo a su manera,  desde su punto de vista,  sin pretender que sus palabras fueran tomadas al pie de la letra. 

Como psíquica natural, o bruja, como diría él,  me he aprovechado de mucha de la información que él difundió,  y también de la obra de su discípula, Taisha Abelar. He hecho prácticas que funcionaron para mi, y me fue tan bien con la recapitulación,  que se la recomiendo a quien quiera hacer algo trascendental. Pero nunca he probado plantas de poder. No las necesito para abrir la mente a otras frecuencias vibratorias.  Tampoco me atrevo a decir que no deban usarse. 

Pero deben ser tratadas con respeto,  y no usarlas para embriagarse o para evadir la responsabilidad de recuperar y entrenar el poder personal, con autodisciplina y tolerancia,  como lo hizo el antropólogo-nahual.