Los ángeles, esos falsos positivos

Cuando era muy niña, tuve un encuentro cercano con un ser altísimo, de aspecto humano. Era blanco, de apariencia nórdica, y tenía un hermoso y brillante cabello rubio ensortijado. Me llevó a una especie de jardín, donde había multitud de pájaros cantando, y flores de todas clases, que parecían cantar sus aromas.
-Este es el cielo? -le pregunté.

-no - me respondió.

-Eres dios?

-No.

-Eres mi ángel de la guarda?

-No -me respondió, sin perder la paciencia.

Como si hubiera leído mi pensamiento, me respondió la pregunta que estaba a punto de hacerle.

-Sólo soy un amigo, uno de tus amigos, y estoy aquí para cuidarte, porque la vida es muy dura y necesitarás un descanso. Después entenderás.

Su voz era armoniosa, pero definitivamente masculina.

Muchas veces, en los años de mi infancia, escuché esa voz, sobre todo cuando recibía una fuerte reprimenda o una pela. No volteaba hacia el lugar de donde provenía, porque sabía que no vería nada.

 Generalmente olvidaba rápido lo que me decía, pero me quedaba una sensación de optimismo y la certeza que no estaba sola. Infelizmente, al hacerme adulta esa comunicación se dificultó. Nunca lo olvido, y  no me gustaría restarle crédito diciendo que era "un ángel".

Según el antiguo testamento de la biblia, los ángeles eran los subordinados de un jerarca que se hacía llamar a sí mismo "dios" y castigaba cruelmente a quien le desobedeciera. Más que un protector, actuaba como un amo de tipo mafioso que pedía sacrificios y le gustaba la sangre derramada.

Conozco muy bien el idioma español, y por eso me avergonzaría no llamar a estos individuos por lo que son, y también es justo que reconozca su verdadera profesión.

Si vinieron del cielo (el espacio) en carros de fuego (naves), se trataba simplemente de astronautas. Colonizadores del espacio que vinieron a someter y esclavizar con engaños a los sobrevivientes de la llamada "guerra en los cielos",  quienes fueron atormentados y confundidos hasta que debieron rendirse ante la tecnología, al punto que, milenios después, grandes masas humanas siguen creyendo en dioses y ángeles, y que para ser bien comportados necesitan "el temor de dios".

Muchas "inspiraciones angélicas" son sólo telepatía, por ejemplo.

Ha llegado el momento en que la humanidad debe parar de tercerizar su percepción extrasensorial, su intuición, su poder creador.

Cuando conseguimos ser dueños de nuestro destino y abrimos la percepción, podemos contemplar aquella parte del mundo que se nos ha ocultado por milenios. Y podemos transformarlo.

Es el momento.

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