MI TESTIMONIO
Vivir en Brasil es un privilegio, sea cual sea el motivo que nos trajo y nos dejó aquí. Aquí vive un pueblo extremadamente generoso, tranquilo y amante de la vida armoniosa. Como en todas partes, siempre hay personas que disienten del modo general de vivir y actúan de otra manera.
Igual que en otros lugares, aquí la conciencia de todos los seres humanos parece dormida. He presenciado hechos y he visto cosas y seres desde hace muchos años, y siempre se mantuvo todo desconectado, como si cada hecho, como si la presencia de cada extraño ser, fuese un hecho desvinculado de los demás.
Fue cuando crucé la poderosa selva del Amazonas sobre un avión, y me quedé en Brasil, que una pesada y oscura venda pareció caer de mis ojos, y todo empezó cuando vi un OVNI en Curitiba. Estuvo más de media hora por encima de la ciudad, como gigantesca medusa con tentáculos de fuego. Llamé a mi anfitriona para mostrárselo, por la ventana, y ella me respondió sin emoción.
_Ah, si. Siempre andan por ahí.
Estuvo un rato conmigo y después se fue a dormir, mientras yo, fascinada, veía la nave flotar sobre el nordeste del barrio en que estaba, hasta que también me cansé y me dormí. La cosa esa seguía allí, misteriosa y atrevida.
Al día siguiente averigüé por todos los medios posibles: noticieros, Internet, tv, y nadie dijo nada, como si ese hecho, para mí extraordinario, nunca hubiese ocurrido. Cuando comenté esto con la anfitriona, ella me respondió con una gran sonrisa y con ojos indiferentes:
_Toda la gente ha visto, siempre, estas cosas, pero nadie habla de eso.
Esa expresión fue, para mí, más impresionante aún que el hecho mismo de haber visto un ovni, no por instantes ni un puntito luminoso, sino grande, a no muchos kilómetros, si hubiera tenido un telescopio, habría visto los detalles dentro de la nave. Poco menos de dos meses antes, había presenciado un fenómeno similar, junto con unas cuarenta personas que hacían cola en una parada de transporte colectivo, mas éste había durado un puñado de segundos, produciendo un zumbido como de deflagración y dejando un extraño olor metálico en el aire.
Ese avistamiento me llevó a investigar por internet, y allí encontré a los llamados teóricos de la conspiración, vi testimonios, videos, descripciones, y encontré que las cosas y los seres que he visto, los acontecimientos que he estado presenciando por años, no son fantasía sino parte de una realidad que, en otros países y en otros continentes, muchas personas han visto y compartido la experiencia. Comprendí que no estoy sola ni me falta un tornillo. Los extraterrestres no son un sueño ni sólo ficción. Están entre nosotros, y no todos tienen buenas intenciones.
Tenía pensado hablar en este blog específicamente del tema de la mujer y su relación con el poder, publicando el resultado de investigaciones que realicé durante muchos años, y que fueron recogidas en un libro:
Tiempo de Mutaciones, del cual aún no he publicado ni una página. Sin embargo, la presencia permanente de una realidad cotidiana que, de manera extraña, no es percibida por la mayoría de la gente, o es racionalizada de modo que esa realidad no parezca existir, me obliga a hablar de un tema que, tal vez por miedo a la reacción de aquellos seres, o por no ser una loca más hablando por ahí de reptilianos, realidad que salta frente a mi a cada momento.
Vivir lejos de casa me ha obligado a resumir hechos, encontrar patrones, ver por fin el evidente hilo que une unos hechos a otros, e identificar a muchos de los seres que había visto y que creía, o producto de pesadillas, o de mi imaginación creadora. Finalmente, no puedo escribir de modo aséptico, evitando hablar de cosas que son un secreto a gritos, sobre todo cuando la parte terrible de esa realidad tiene una sencilla solución, no por sencilla menos trascendente.
Los visitantes de otros mundos, positivos unos, negativos para nuestra especie otros, los depredadores estelares, los parásitos que deben su existencia a la vida que nos roban cada día, están presentes entre nosotros, que muchas veces los confundimos con humanos comunes; forman parte del ecosistema biológico y psicológico en que vivimos. No es un tema metafísico ni parapsicológico, ni algo que es percibible sólo con la apertura del tercer ojo. Aunque esa apertura nos proporciona la posibilidad de acceder a un abanico mucho más amplio de información para compartir.
En la primera parte de este artículo hablé de naves, mas para mí lo más importante es la gente y las criaturas que vienen en esas naves, de ellas hablaremos después.
Otro tema, que parece una cosa misteriosa, metafísica, astral y bla bla bla, es el de los portales dimensionales y estelares. De eso también hablaremos, porque no sólo forman parte del paisaje cotidiano, sino que cada día son usados intensamente, muchas veces por los más dañinos de los habitantes intraterrenos que, al igual que las ratas, salen de sus madrigueras a alimentarse de los seres humanos, y a mantener funcionando el tinglado que han construido y hecho evolucionar a través de los siglos.
Un patrón es un esquema que, cuando se repite, puede arrojar conocimiento sobre los hechos. Compartiré esos patrones con quien quiera conocerlos.