EL NEGOCIO CON LAS PLANTAS DE PODER

 

Todas las plantas son poderosas, y su fuerza está dirigida a diferentes aspectos de la vida, igual que los seres humanos, que tenemos una gran variedad de facultades, pero ninguno es exactamente igual al otro, aunque estamos unidos por la raíz única de la fuerza cósmica de la cual procedemos.

Todos formamos parte del mismo ecosistema. Nosotras, las plantas, los demás animales, todo lo que vive. Y todo lo que existe está vivo.

Las más conocidas plantas de poder son las que tienen propiedades psicotrópicas. Hoy en día el uso de estas plantas tiene, para muchas personas, connotaciones absurdamente místicas, casi religiosas. Algunos hasta quieren creer que para ser chamán o brujo, hay que llenarse de pociones y brebajes mágicos.

Una planta es un individuo, y una planta de poder es un individuo poderoso.

Simple. Son brujas vegetales, que tienen poderes magnéticos y de ruptura de la pantalla de inconsciencia que mantiene adormecida a la gente, además de sus propios recursos de autoprotección. El abuso de las plantas de poder conlleva daños a la salud física y mental de los abusadores, quienes, cuando se rompe el velo forzoso de la inconsciencia, devienen hundidos en el inframundo, con el consiguiente deterioro neurológico y psicológico que ésto trae.

El mejor modo de vérselas con ellas es respetándolas

Cuidando de su vida y, con una mente ordenada, sin diálogo interno, comprender su esencia. La esencia que la planta conviene en compartir se manifiesta en su olor y, aún cuando éste sea imperceptible para algunas personas, está suspendido en torno a ella, pudiendo proyectarse a grandes distancias, de acuerdo con la propiedad de sincronía de la materia, que ya ha sido explicada por la física cuántica. Triturar, quemar, devorar el cuerpo de una de estas criaturas, es un abuso. Existen brujos que, con conocimientos ancestrales, pueden utilizar partes de ellas para la curación y para fines “mágicos”, esto es, como puente interdimensional para comunicarse con criaturas de otras realidades. Pero los brujos sabios no comercian con tan delicadas actividades.

También existe el negocio que se hace estrictamente para hacer dinero. Igual una corporación transnacional, que un comerciante minorista con una cabaña en el bosque para vender “viajes” de peyote o ayahuasca, del mismo modo en que, hace un siglo, se preparaban fumaderos de opio para mantener a los chinos y otros asiáticos, adormecidos y desequilibrados.

Todos los seres humanos tenemos capacidad instalada para dar el salto interdimensional.

Somos interdimensionales y no necesitamos de sustancias de ninguna clase para conocer las otras realidades, en las cuales también estamos funcionando. Valerse de plantas de poder para salir de la mátrix, equivale a ir por las calles en sillas de ruedas, teniendo un buen par de piernas sanas. La diferencia está en la información que se tenga, y en quién controla nuestra mente: Nosotros, o los dueños del negocio de la igorancia humana.

Algunas personas, que tienen este acceso abierto de modo natural, necesitan conocer la diferencia entre un mundo y otro y, como no existe información pública al respecto, demasiados psíquicos terminan atiborrados de pastillas con receta médica, prisioneros en manicomios, o deambulando por las calles, enloquecidos, interactuando con mundos que sólo ellos pueden percibir.

¿A quién le conviene que la gente ignore su carácter interdimensional? Ciertamente, no a la gente.

Aquellas empresas que tienen suficientes recursos tecnológicos y desprecio a la humanidad, han extraído el aspecto psicotrópico de las plantas de poder para enviciar a millones de personas, que quedan atrapadas con cadenas químicas, apartándolas de su esencia, creando una línea comercial como la ruta del opio de hace un siglo. De ese modo, la Coca fue desprovista de su contenido nutricional y medicinal, que era de provecho para los pueblos indígenas ancestrales, con un modo tradicional de utilización. Extrajeron el alcaloide, y crearon un negocio multinacional. Lo mismo pasó con Cannabis, LSD, y está aconteciendo con Peyote y Ayahuasca.

Los pueblos originarios tienen un gran papel que jugar en la transformación total del mundo. Tal vez por eso, estos pueblos han sido atacados sistemáticamente a lo largo de la historia, casi exterminados en el Norte y en el cono Sur de Abya Yala, y reducidos a la impotencia en los otros territorios, en los cuales aún no han sido exterminados. La mezcla de los aborígenes ancestrales con otros pueblos ha sido una medida sabia de la naturaleza, para preservar su valioso recurso genético, conocimientos ancestrales cuyo origen está diluído en la memoria de los tiempos. Así, pueblos emblemáticos como los Quechua, Aimaras, Guaraníes, que aún son relativamente numerosos, y los millones de mestizos de todos los pueblos indígenas, llevamos en silencio, en la sangre, la herencia de la sabiduría de la Tierra.

México es un caso aparte.

Al igual que en Medio Oriente, Centroamérica, y especialmente México, es un punto importante de la tierra, mucho más allá de la geopolítica y la avaricia de las potencias por las riquezas del suelo. Son puntos geomagnéticos muy poderosos, en cuyos alrededores, los nativos constituyen el más valioso ítem. En ambos lugares, las poblaciones están siendo neutralizadas y sistemáticamente diezmadas; en el caso del medio oriente, por medio de las guerras, para lo cual cuentan con el fanatismo religioso como catalizador; y en centroamérica, por medio de las drogas, para lo cual cuentan con poderosos carteles de comercio, que usan tecnología procedente de orígenes que son desconocidos para la gente de a pie.

A las drogas duras: alcaloides y preparados químicos, se suman las experiencias de tipo “chamánico” en los tragaderos de peyote y ayahuasca, que reúnen a hippies de la “nueva era”, más interesados en drogarse, que en buscar la trascendencia. Quienes buscan salir de la matrix, en serio, siguen una disciplina deliberada, resiliente y perseverante, y logran experiencias multidimensionales trascendentes y sin efectos secundarios.

Algunos citan a Carlos Castaneda, como quien recomienda el uso de las plantas de poder para obtener experiencias “chamánicas”. Son los que se leyeron sólo unos párrafos de “Las Enseñanzas de Don Juan”. En otro de sus libros (no cito capítulos y versículos, porque no es la biblia), Castaneda le pregunta a Don Juan por qué, si la mayoría de los otros brujos jamás probaron plantas de poder y tuvieron buen desempeño en el camino del guerrero, por qué a él sí se las recomendó. La respuesta de don Juan fue lacónica:

_”Porque tú lo pediste”.

Y en cuanto a las motivaciones que tuvo el estudiante de antropología para querer usar estas plantas cuando no era necesario, don Juan respondió:

_Porque eres estúpido”.



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